Samuli Ikaheio

Autor: Samuli Ikaheio

 

Pájaros de mal agüero, cuervos de metal trayendo noticias sobre muerte y destrucción… otra vez los helicópteros sobre nuestras cabezas rompiendo la paz de una ciudad que no se merece (como ninguna otra) esta violencia.

 

Son las 11:50 de la noche del 15 de septiembre del 2008. Estamos celebrando en casa con unos amigos. Una llamada telefónica de alguien informando que hubo dos explosiones al momento de que el gobernador estaba dando el Grito de Independencia.

 

Pocos segundos después, tal cual sucede con todo acto violento, los rumores surgen aumentando el miedo y la incertidumbre: balaceras en avenidas importantes, amenazas de bomba en antros de moda, otra explosión a la salida de la ciudad.

 

Es el comienzo del concierto de sirenas que no parará durante toda la madrugada.

 

La televisión local solo da escenas amarillistas y algunos datos: 7 muertos y decenas de heridos. Ningún sospechoso pero sí miles de dudas.

 

Comienzan las llamadas para buscar a los familiares, para saber si todos están bien. La sorpresa invade los pensamientos de los ciudadanos, acompañada también de  incertidumbre e impotencia, combinada con visos de rabia.

 

El lugar geográfico se confunde ¿Cali? ¿Bagdad? ¿Madrid?

 

Morelia no entiende, no comprende cómo llegamos a esta violencia., pero hay que percatarse de que ellos, los apólogos del terrorismo, han estado ahí desde hace mucho tiempo; las semillas de la discordia se sembraron  creciendo a la sombra de la impunidad, manifestándose cada vez más violentamente queriendo demostrar su indigno poder sobre nosotros.

 

Por desgracia, no es la primera vez que los helicópteros surcan nuestros cielos, pero ahora la experiencia es distinta para nosotros; nos sentimos vulnerados, quebrantados en nuestra libertad como personas y como ciudadanos.

 

Solo una certeza: ya nada será igual para nosotros, nuestra inocencia se ha perdido

  

Solo un reclamo: de ningún modo la incertidumbre,  siempre la  luz.

 

Solo un camino: la recuperación de nuestra libertad propia y colectiva

 

Solo un deseo: que los helicópteros nunca más vuelvan a surcar nuestra ciudad.

 

H.

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Recordando a Prévert

agosto 15, 2007

 

Los zapatos de Prévert caminan por las calles del Boulevard Saint-Michel mientras sus sueños se concentran en aquella noche de 1925 que pasó con Tanguy, Péret y Duhamel.

 Estaban reunidos en  el No.  54 de la Rue du Château cuando de pronto, comenzó de nuevo la violenta  lluvia de sapos, los muertos escucharon solo lo evidente y Dios volvió a contar el final de los días.

Las palabras dejarían de ser lo que habían sido y ahora la nueva oración de la creada religión de imposibilidades se plasmaría por siempre entre  gárgolas y quimeras:

“El cadaver exquisito beberá el vino nuevo”

sobre el deseo

junio 20, 2006

Dice Silvia Espinoza de los Monteros: “contra todo lo que pudiera parecer, el deseo no marca una trayectoria en linea recta. Su andar es curvilineo e impredecible. Viajan en ondas cuyas crestas y valles dibujan una cancion que aun queriendolo no se puede ignorar”.

El deseo es entonces un misterio no encasillable, no definible pero sí definitivamente parte de nuestro ser. Spinoza habla de que no podemos deshacernos de nuestros deseos a menos de que nos deshicieramos de nuestra humanidad y hasta de nuestra animalidad “a
menos que nos convirtieramos en cadaveres o en dioses”.

De acuerdo con Victor Roura el deseo se puede pensar y vivir de dos maneras distintas: segun Platon o según Spinoza.
El platonismo nos dice que el “deseo es carencia y solamente se desea lo que no se tiene”.
Por lo tanto una persona jamas puede ser feliz ya que ser feliz consiste en tener lo se desea. Si solo se desea lo que no se tiene entonces, entonces nunca se tiene lo que se desea. Esto no quiere decir que ningun deseo sea jamas satisfecho, sino que apenas un deseo es satisfecho se acaba en tanto cuanto deseo (ya no hay carencia porque se ha satisfecho, entonces tampoco hay deseo porque el deseo es carencia).

El planteamiento de Platon acaso sea el mas socorrido en los hombres. Norman Mailler contaba que Henry Miller cuando por fin hacia el amor con la mujer que habia deseado durante algun tiempo, en lugar de gozarla con plenitud se ponia a pensar en la siguiente
amante ya que, en ese momento un estrecho vínculo, el deseo estaba, platonianamente, a punto de ser saciado y por lo tanto de escabullirsele del cuerpo.

Por otro lado,Spinoza habla de que el deseo “no es carencia sino potencia” en el sentido de que se habla de potencia sexual o del apetito. La potencia sexual no es desear lo que falta sino por el contrario, la capacidad de gozar de aquella o aquel que no falta, que esta ahi, que se entrega.

Tener buen apetito no es carecer de alimento, sino es tener potencia para gozar del alimento que no falta.

El asunto pues “no es suprimir los deseos sino transformarlos, pasar del deseo de lo que falta al deseo de lo que no falta; en otras palabras, al deseo de lo que no está. Desear lo que no está es esperar; desear lo que está es amar”.

En esta epoca de amores fugaces, de deseos de una sola noche, de insatisfaccion individual y colectiva que busca ser llenada por todo lo que se pueda, habra que
replantearnos los deseos propios y los caminos a donde nos estan conduciendo .

Y no me refiero al sentido budista de eliminar el deseo, sino mas bien a lo que Comte-Sponville plantea: “la cuestión no está en abolir el deseo sino cultivarlo, desarrollarlo;hacerlo cultivar y renacer”; eliminar ese sentido de carencia y llenar el deseo de columnas fuertes y permanentes que sean base para levantar templos inmortales donde Afrodita sea adorada.

H.

P.D. Dime lo que deseas y te dire quien eres.

No recuerdo cuando comencé a escribir. Me refiero a escribir en forma de creación propia, no en cuanto el aprender las letras y formular  monótonos enunciados que los maestros de mi escuela me hacía repetir hasta el cansancio.

Fue quizás en la secundaria. A principios. Tengo guardadas algunas hojas de libretas arrancadas en las que comencé a expresar ideas propias por medio de una pluma Bic color negra. Los textos son más que irrelevantes y reflejan sobre todo la desesperación de no caber en el de repente hostil mundo de una escuela marista, mixta, particular y elitista.

Recuerdo ese entorno de compañeros que solo hablaban de motos y carros, de las compras clandestinas de revistas porno baratas, de grupos irritablemente fresas como Timbiriche o Fresas con Crema y la mejor forma de ligarse a Lorena Mercado o a Mónica Casillas.

En esas épocas era alguien demasiado tímido para acercarme a una chava y sin interés en autos, así que un refugio fueron las palabras escritas como salvavidas para sobrevivir ante tales atmósferas asfixiantes muchas veces.

 Pasado el tiempo y la explosión de hormonas en mi interior, fueron de nuevo las letras las que me ayudaron a revelarme ante el espejo y definir mis ideas y ya más adelante comprendí que el proceso creativo de escribir era una manera de liberarme de fantasmas y de gritar sin tener que hacerlo, de enamorar, de dar a conocer lo que pensaba y de saberme humano.

 Es así que el viaje por la escritura personal la puedo resumir en estos párrafos, no sin decir que la influencia más grande que tuve para este acto creativo fueron los libros y los autores que los escribieron, donde pude ver que el lenguaje es la invención más maravillosa que existe en este planeta.