helicopteros sobre morelia (16-09-08)

septiembre 17, 2008

 

Samuli Ikaheio

Autor: Samuli Ikaheio

 

Pájaros de mal agüero, cuervos de metal trayendo noticias sobre muerte y destrucción… otra vez los helicópteros sobre nuestras cabezas rompiendo la paz de una ciudad que no se merece (como ninguna otra) esta violencia.

 

Son las 11:50 de la noche del 15 de septiembre del 2008. Estamos celebrando en casa con unos amigos. Una llamada telefónica de alguien informando que hubo dos explosiones al momento de que el gobernador estaba dando el Grito de Independencia.

 

Pocos segundos después, tal cual sucede con todo acto violento, los rumores surgen aumentando el miedo y la incertidumbre: balaceras en avenidas importantes, amenazas de bomba en antros de moda, otra explosión a la salida de la ciudad.

 

Es el comienzo del concierto de sirenas que no parará durante toda la madrugada.

 

La televisión local solo da escenas amarillistas y algunos datos: 7 muertos y decenas de heridos. Ningún sospechoso pero sí miles de dudas.

 

Comienzan las llamadas para buscar a los familiares, para saber si todos están bien. La sorpresa invade los pensamientos de los ciudadanos, acompañada también de  incertidumbre e impotencia, combinada con visos de rabia.

 

El lugar geográfico se confunde ¿Cali? ¿Bagdad? ¿Madrid?

 

Morelia no entiende, no comprende cómo llegamos a esta violencia., pero hay que percatarse de que ellos, los apólogos del terrorismo, han estado ahí desde hace mucho tiempo; las semillas de la discordia se sembraron  creciendo a la sombra de la impunidad, manifestándose cada vez más violentamente queriendo demostrar su indigno poder sobre nosotros.

 

Por desgracia, no es la primera vez que los helicópteros surcan nuestros cielos, pero ahora la experiencia es distinta para nosotros; nos sentimos vulnerados, quebrantados en nuestra libertad como personas y como ciudadanos.

 

Solo una certeza: ya nada será igual para nosotros, nuestra inocencia se ha perdido

  

Solo un reclamo: de ningún modo la incertidumbre,  siempre la  luz.

 

Solo un camino: la recuperación de nuestra libertad propia y colectiva

 

Solo un deseo: que los helicópteros nunca más vuelvan a surcar nuestra ciudad.

 

H.

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