INVENTARIO INFINITO
mayo 30, 2010
Música de Pat Metheny para enriquecer los oídos
La Última Tentación de Cristo los jueves por la noche para mover conciencias.
Té de abril en México para días lluviosos
Té de fresa con kiwi para tardes solitarias
Espresso para leer cartas venidas de algún lugar lejano.
Café Infinito (capuchino con miel y chocolate) para endulzar el corazón
Café americano para emprender conversaciones imprescindibles
Capuchino para planear viajes a sitios reales e imaginarios
Velas sobre mesas de madera para recitar a Sabines, a Paz, a Rimbaud, a Baudelaire, a Lorca, a Artaud, a Pessoa…
Ventanas llenas de plantas y flores para favorecer la lectura de Borges, Calvino, Kafka, Poe, Cortázar, Calasso, Bretón, Toscana, Juárez…
Notas musicales, fotogramas, pinceladas, pasos de danza, gestos de mímica para enriquecer las grandes paredes de piedra e iluminar los espíritus
Intenso olor a café recién hecho y sabores a pastel de cereza, pay de queso o tarta de zarzamora para forjar amistades eternas.
Palabras, muchas palabras
Ideas, miles de ideas
Convergencias, millones de convergencias
Sueños, interminables e infinitos sueños
Por último, un sol sonriente de cerámica, al lado de la foto de un viejo también alegre, para nunca olvidar que, a pesar de todo, la vida, esa que parece transcurrir tan rápido, termina siendo INFINITA.
Al Infinito se llega caminando entre laberintos.
mayo 30, 2010
Al Infinito se llega caminando entre laberintos, recorriendo recovecos y perdiéndose en libros, café y amistades eternas.
Ese miércoles cualquiera de un octubre lluvioso del año 1997, recorría las calles del Barrio Antiguo buscando un refugio a mis frustraciones internas, cuando en la esquina de Diego de Montemayor y Padre Raymundo Jardón encontré aquel lugar que me cambiaría la vida en muchos sentidos.
Entré al Infinito por primera vez con los pies mojados y me recibió un lugar caótico, lleno de gente sentada en mesas de madera tomando café y té, entre libreros abarrotados de libros, una gran barra verde, una vieja sala y un sol de barro que miraba sonriente a todo el que ingresaba.
Alguien me asignó una mesa, no en la entrada sino más adentro, al lado de esa sala antigua que serviría en ese momento de escenario para la presentación de un libro de poesías de un autor local que ya no recuerdo.
Fue también ese primer día en que conocí a su dueño Pepe. Amablemente me pidió que si podía reasignarme de mesa porque iban a tener un evento y necesitaban más espacio. Yo acepté y me quedé hasta el fin del evento.
Regresé el fin de semana, y volví a regresar cientos de veces al Infinito hasta que se convirtió en parte básica de mi espíritu.
El valor e importancia del INFINITO es que, para muchos de nosotros, se convirtió en un refugio para las ideas, para los pensamientos, para el compartir y debatir, para forjar apegos y devociones a la literatura, a la poesía y a toda expresión artística, pero sobre todo para moldear amistades que vivirían por siempre a partir de una simple taza de café.
Yo tengo mucho que agradecer al CAFÉ INFINITO y a Pepe. Primero a Pepe por haber creído en ese proyecto y haber trabajado con mente y corazón, a pesar de todo, durante 13 años, creando un lugar que nunca imaginó que transformaría a muchos de nosotros.
El CAFÉ INFINITO abrió caminos, visiones, modificó significados, nutrió de savia vital el espíritu de muchas personas, volviéndose infinito como su nombre. Forjó lazos eternos que han hecho que esa esquina con paredes blancas y ventanas llenas de plantas, entre Jardón y Montemayor, siga invariablemente sobreviviendo en cada uno de nosotros que alguna vez cruzamos ese umbral de paredes de piedra, olor a café recién hecho y ambiente más que generoso.
LARGA VIDA AL INFINITO.
Apología al Café Infinito
mayo 30, 2010
Este 30 de mayo del 2010 cierra sus puertas el Café Infinito de Monterrey. Por ese motivo he escrito 2 pequeñas reflexiones sobre este lugar que me enriqueció la vida en muchos sentidos.
PREDESTINACION Y ELECCION
octubre 25, 2008
de poder volar sobre girasoles
julio 15, 2008

Monterrey de nuevo amanecía encerrado entre nubes oscuras en aquel domingo de invierno, destinando a los habitantes de la ciudad a quedarse encerrados a tomar café, prender la calefacción y ver la televisión.
Sólo los más osados o los que por necesidad tenian que salir del umbral de su casa, se aventuraban a perder el equilibrio en banquetas resbaladizas, y a terminar con orejas rojas y resfriado de una semana.
Pero en el Barrio Antiguo se escuchaban los pasos de una mujer que, en botas de plástico , bufanda, sombrero para la lluvia y paragüas color morado, desafiaba las miles de pequeñas gotas que se alojaban en su chino cabello.
Con olor a melocotones recién lavados y piernas que parecían demasiado frágiles, caminaba con brazos abiertos, ojos cerrados y una sonrisa, tarareando una canción inentendible, dando repentinas vueltas sobre ella misma y brincando en todos los charcos encontrados a su paso.
Las pocas miradas que se cruzaron con ella pensaron en locura, borrachera, drogas, falta de atención de los padres, poca moral, definitivamente una perdida…
Pero cualquier descripción de aquella extraña figura quedaba corta. Ella sobrepasaba a la ciudad y sus habitantes, a la molesta llovizna, a la soledad escondida no solo en aquel cielo plomizo sino también entre los cobertores que en ese momento cubrían a las personas dentro de sus casas.
Ella solamente podría entenderse después haber experimentado lo que es elevarse sobre campos de girasoles y tocar sus pétalos con la punta de los dedos; una vez que se hubiesen recorrido laberintos con hilos de colores como guias y después de quemar miles de palabras de amor para calentar el corazón de los abandonados.
Nadie más la volvió a ver después de ese domingo gris. Las conclusiones, las leyendas, los mitos surgieron en las bocas de los habitantes de Monterrey.
Lo cierto es que Ariadna nunca reapareció porque encontró la salida a su laberinto.
sin título
mayo 25, 2008
Foto: “lluvia” de warein.holgado
A Diana, mujer que ilumina mis días.
Ella se adentró en aquellos recovecos oscuros de su corazón, buscando respuestas concupiscentes para saciar esa maldita hambre de besos y abrazos que siempre la sorprendía, sobre todo en días lluviosos o cuando las aves emigraban a lugares menos fríos.
Ella, con manos cálidas acariciando un mejor destino, regresó de la nada para construir más allá de los muros que la aprisionaban, entendiendo que los deseos morían aplastados por la furia de vanidosos dioses pero sabiendo que al levantar torres de Babel lograría llegar a tocar nubes y los rayos del sol iluminarían sus párpados.
Así que caminó por sinuosos rumbos, en un viaje cargado de anhelos dormidos dentro de una bolsa rota, llegando hasta aquel lugar donde los girasoles no duermen nunca y los latidos evocan sonidos esenciales para dar vida a colibries y hacer llover pétalos multicolores.
Fue ahí donde sonrió por primera vez.
Conjuro para enamorar
agosto 26, 2007

Foto: LOST de Adriana Campuzano http://www.flickr.com/photos/milesdeestrellas/
Si vas conmigo al pozo
será para bebernos toda el agua
Si vas conmigo al campo
será para tomar de golpe al cielo
Si vas conmigo al fuego
será para encender piras de sueños
Si vas conmigo al mar
será para soltarte las amarras.
Si estás conmigo un día
será para aprehender el universo.
Yamile Paz Paredes
Dos cadáveres infinitos y exquisitos
agosto 23, 2007
FOTO DE ADRIANA CAMPUZANO
http://www.flickr.com/photos/milesdeestrellas/
Los siguientes son dos cadáveres exquisitos encontrados apenas ayer entre miles de cosas guardadas en el closet de mi cuarto.
Me han gritado en la cara que quieren salir a la luz y es por eso que aquí los redacto, para no olvidarlos y sobre todo para seguir nutriendo los lazos de amistad con Aurelio Green (coautor de ellos junto con el Tal Sr. H) y con el Café Infinito de Monterrey N.L. (lugar donde fueron concebidos estos exquisitos cadáveres entre el 2000 y 2001).
OCIO
Salir por dentro es,
existir en letras azules, en quebradizas líneas de llanto,
en vuelos de pájaros al anochecer.
Porque el mundo me deja volar,
y las lágrimas me llevan al mar,
donde están olvidadadas las circunstancias
y los sueños surgen entre la arena,
deformes sueños que se clavan en la duda,
ilusiones que se desvanecen en la nada (¿o en el todo?)
El todo… el todo…
La nada… la nada….
NO OIGO
Oí la voz del sueño
entre la magia del olvido
y los pesares de los días.
¡Divertido sueño de hormigas!
luz equívoca de formas,
ventana rota de mi alma
que desvanece en carne el sueño.
Tapé mis oídos y huí
finito y agotado
a contar las gotas de lluvia
…en rededor a tí.




